¿Atrapados sin salida?

En mi artículo de la semana pasada escribí sobre la nueva Guerra Fría que vive el mundo en estos momentos, entre la potencia dominante -Estados Unidos- y la potencia emergente -China- que desafía dicha hegemonía.

Si bien la Rusia de Putin por su enorme arsenal nuclear también es un adversario peligroso para Occidente, su economía es apenas el 10% de la norteamericana.

El verdadero adversario es China, que hoy es la segunda economía del mundo y todo indica que podrá ser la primera en los próximos años.

En este siglo XXI todos los países sudamericanos estaremos cada vez más atrapados en medio de este conflicto que tiene aristas geopolíticas, económicas y militares.

Por razones geopolíticas y militares nos encontramos en la “zona de influencia” de los Estados Unidos, pero por razones económicas y comerciales nos encontramos que China es el principal comprador de nuestros commodities.

En la medida en que el conflicto se vaya intensificando -todo indica que así será- Estados Unidos irá exigiendo que los países sudamericanos vayan definiendo sus lealtades.

Así fue durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el Brasil de Getulio Vargas rápida e inteligentemente se alineó con Estados Unidos enviando tropas a la guerra, mientras que la Argentina de Perón erróneamente se mantuvo neutral hasta casi el final del conflicto.

Estas dos decisiones diferentes, influyeron en el posterior declive de la Argentina y en el ascenso del Brasil como la principal potencia de la región.

La situación actual es diferente, porque no hay una guerra directa, pero al ser el enfrentamiento mucho más difuso, requiere de los países periféricos mucha más inteligencia para distinguir dónde están sus intereses nacionales.

El Paraguay desde la época de Morínigo primero, de Stroessner después y en todo el periodo democrático, ha sido un aliado ”estable y confiable” según expresaron importantes referentes de los Estados Unidos.

Rompiendo relaciones con Alemania, Japón e Italia en la Segunda Guerra mundial, enfrentando al comunismo durante la Guerra Fría y manteniendo relaciones con Taiwán actualmente.

Este actual alineamiento con Estados Unidos tiene un enorme costo económico para el Paraguay, porque nos impide entrar al mercado chino con nuestra carne y soja y nos impide recibir inversiones chinas, especialmente en infraestructura que tanto necesitamos.

Ante esta realidad, Paraguay tiene todo el derecho a pedir justas compensaciones económicas a la gran potencia del norte. Abriendo su mercado a nuestros commodities, pero especialmente fomentando la inversión de empresas vinculadas a las cadenas industriales norteamericanas.

Recordemos que, desde la década del 80 del siglo pasado, Estados Unidos estimuló lo que se llama el “offshoring”, es decir llevar parte de su cadena industrial a la China, para aprovechar las ventajas de la abundante y barata mano de obra del país asiático.

A raíz del actual enfrentamiento geopolítico y de la crisis logística y de suministro originado por la pandemia, Estados Unidos ha decidido seguir el camino inverso, es decir el “nearshoring”, que significa traer las fabricas de vuelta a los Estados Unidos o a un lugar cercano…América Latina.

México y los países Centroamericanos están realizando esfuerzos para que esas industrias se radiquen en sus respectivos territorios y el Paraguay como el aliado “más estable y confiable” en Sudamérica debe pedir lo mismo.

Pero para que esto sea posible no es suficiente la voluntad del gobierno norteamericano, es necesario que también nosotros hagamos los deberes en casa, como las reformas de nuestro corrupto Poder Judicial, de nuestra lamentable educación y de nuestra deficiente infraestructura.

No estamos atrapados sin salida, depende mucho de nosotros el poder salir de ella.

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