Paraguay ante la nueva guerra fría

Al periodo comprendido desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta el desplome de la Unión Soviética en 1991, se lo denomina históricamente el de la Guerra Fría.

Durante ese periodo dos grandes bloques de países, separados ideológicamente, se enfrentaron a nivel mundial con el objetivo de imponer su ideología al mundo entero.

Hoy, treinta años después de finalizado ese periodo, el mundo está presenciando con preocupación una nueva escalada de tensiones entre las grandes potencias mundiales, que nos puede llevar a una nueva Guerra Fría o a lo que muchos historiadores denominan una Guerra Fría 2.0.

Algunas veces es bueno usar analogías históricas para explicar algo aparentemente nuevo, porque eso nos permite comprender mejor la situación y aprender de los errores del pasado.

Pero el uso de analogías históricas también puede llevarnos a cometer grandes errores de interpretación y consecuentemente de decisión, que hacen que el conflicto se agrave aún más.

La actual escalada de tensiones principalmente entre Estados Unidos y China y también con Rusia, tiene muchas similitudes con el periodo de la Guerra Fría. Es un enfrentamiento entre Occidente y Oriente, entre la democracia y el autoritarismo y es una disputa por el predominio mundial.

Pero, así como tiene similitudes, este conflicto tiene muchas diferencias con el enfrentamiento anterior. En la Guerra Fría la Unión Soviética estaba totalmente aislada económicamente del bloque capitalista, sin embargo, en el conflicto actual vemos a una China totalmente integrada a la economía mundial.

No solamente está integrada, sino que es el centro del comercio mundial, siendo el principal mercado de exportación e importación y el más importante inversor para la mayoría de los países del mundo, incluido el mismo Estados Unidos.

La otra gran diferencia se encuentra en el tamaño de las economías. En el momento culminante de la Guerra Fría la economía Soviética era menos del 40% de la economía de los Estados Unidos, mientras que la China actual, en unos pocos años tendrá una economía mayor que la americana.

Para expandir su influencia en el mundo los Soviéticos usaron las guerras y las revoluciones, mientras que los Chinos están usando el comercio y la inversión para aumentar su protagonismo.

Hace unos días el Secretario de Estado norteamericano Antony Blinken le exigió a su homólogo brasileño una clara posición del Brasil de apoyo a Estados Unidos en el conflicto con Rusia, por el tema de Ucrania.

Brasil tiene que responder a ese pedido en un momento en que Bolsonaro está a punto de viajar a Rusia, que es un gran comprador de la carne brasileña.

En este siglo XXI el gran dilema para los países periféricos del mundo será entre el alineamiento ideológico y de valores democráticos versus el interés económico de mayor comercio e inversión.

Lo ideal es no tener que decidir y no meternos en esta “pelea de perros grandes” pero cuando el conflicto entre los grandes aumente nos van a “obligar” a decidirnos, como lo está haciendo ahora Blinken con el Brasil.

Creo que a diferencia del Brasil y de la mayoría de los países latinoamericanos que tendrán que “decidir” con cuál bloque alinearse, el Paraguay en el caso de China no tendrá nada que decidir, porque hemos quedado atrapados en una relación histórica con Taiwán, y en el contexto actual, Estados Unidos no aceptará que la rompamos.

Lo de China está decidido. Nuestro problema será Rusia que es un importante comprador de nuestra carne y en la medida en que el conflicto con la OTAN se intensifique, nuestras relaciones con los rusos se complicarán.

Estos son temas cruciales para nuestro interés nacional, que tenemos que debatir si queremos que uno de los pilares de nuestro desarrollo que es nuestra integración inteligente al mundo, sea una realidad.

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