La ganadería en el Paraguay. El sector cárnico vive una oportunidad excepcional. ¿Qué desafíos limitan su crecimiento?

El boom ganadero paraguayo y sus tensiones pendientes
El sector cárnico paraguayo atraviesa un momento de precios récord y apertura de mercados, pero la rentabilidad del productor sigue bajo presión. ¿Por qué la ganancia del ganadero no acompaña los precios históricos de exportación? ¿Qué mercados explican el salto reciente en el precio promedio de la carne paraguaya? ¿Qué políticas públicas hacen falta para sostener este crecimiento y su impacto social?
En este episodio de Plaza Pública, conducido por Yan Speranza, José Carlos Martín —presidente del Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (SENACSA)— y Mario Valmelli —presidente de la Comisión de Carne de la Asociación Rural del Paraguay (ARP) y del Foro de la Carne del Mercosur— analizaron el desempeño reciente del sector cárnico paraguayo, sus mercados de exportación y los desafíos pendientes en materia de productividad y política pública.
“La maldición del ganador”: precios récord, rentabilidad ajustada
Se explicó que el sector vive hoy lo que se describió como “la maldición del ganador”, un momento en el que los indicadores aparentan ser positivos pero la satisfacción del productor es baja. Se detalló que el precio pagado al productor subió un 12 % en los últimos siete meses, mientras el dólar se depreció un 9,9 % en el mismo período, lo que redujo el margen efectivo de rentabilidad. Se indicó además que los costos de producción quedaron ajustados a un tipo de cambio más alto —del orden de 7.800 a 8.000 guaraníes por dólar— que luego retrocedió, golpeando doblemente al productor. Se señaló también que el SENACSA, al ser una institución autosostenible cuyos ingresos dependen en buena parte de las exportaciones FOB del país, resulta igualmente sensible a esta depreciación.
El hato ganadero y la faena: los números del sector
Se informó que el hato ganadero paraguayo se ubica en 12,8 millones de cabezas, con una retracción de aproximadamente 1,2 millones desde 2019, y que la faena del primer semestre cayó un 24 % respecto del año anterior. Se detalló que de esas cabezas se faenan alrededor de 2,2 millones de cabezas anuales en frigoríficos habilitados para exportación, a lo que se suma una faena local adicional de unas 250.000 cabezas. Según el cálculo presentado, entre el 64 % y el 75 % de la faena profesional se destina a exportación, mientras el resto se consume en el mercado interno. Se mencionó que la última campaña de vacunación registró 124.000 productores activos, una cifra que se mantiene relativamente estable pese a la leve disminución de los últimos años.
Precios históricos en un contexto de demanda mundial en expansión
Se destacó que el precio promedio de exportación de la tonelada paraguaya pasó de unos 4.500 dólares en el promedio de los últimos cinco años a cifras de entre 6.900 y 7.000 dólares, con un pico de casi 7.500 dólares en julio. Se precisó que, si bien el volumen exportado cayó un 25 %, el precio subió un 21 %, lo que limitó a un 9 % la caída en el ingreso de divisas. Se explicó que este salto responde a un cambio estructural en la demanda mundial de carne, impulsado por su creciente valoración como proteína saludable —se mencionó su inclusión entre los alimentos prioritarios de la nueva pirámide nutricional de Estados Unidos— y por una oferta global contraída tras la liquidación de existencias en los principales países productores, entre ellos Brasil, Australia, Argentina y el propio Paraguay, que hoy atraviesan un ciclo de retención de ganado para reconstituir sus rodeos.
La apertura de mercados: de la concentración a la diversificación
Se recordó que en 2019 el 83 % de las exportaciones paraguayas de carne se concentraban en dos destinos, Chile y Rusia. Se señaló que ese panorama cambió de manera significativa: en julio de este año, Estados Unidos se convirtió en el principal destino, seguido por Israel —con una demanda que se explicó en parte por el conflicto en curso— y por Taiwán, mercado que pasó de 38 millones a 300 millones de dólares en compras. Se indicó que este proceso de diversificación fue posible gracias a una apertura comercial agresiva y a la obtención de mejores condiciones de acceso arancelario y sanitario en distintos destinos.
El instituto de la carne que no fue, y lo que sí hace falta
Se explicó que un intento previo de crear un instituto de la carne fracasó por falta de madurez del sector privado, que llegó a percibirlo como un organismo de control en lugar de un aliado. Se indicó que hoy se evalúa, entre los distintos gremios pecuarios, avanzar hacia una organización financiada solo por productores, similar al modelo de la Meat & Livestock Australia (MLA). Se subrayó que lo que realmente falta es una estructura de “diplomacia sanitaria y económica” de la carne: se mencionó que Paraguay no cuenta con un solo agregado o comisario agropecuario en sus representaciones diplomáticas, mientras Uruguay invierte unos 9 millones de dólares anuales en marketing de la carne, lo que le permitiría vender su tonelada entre 16 % y 18 % más cara —alrededor de 1.000 dólares más— que la paraguaya.
Cuotas arancelarias y el techo que limita el crecimiento
Se detalló que Paraguay compite en desventaja frente a sus vecinos en el acceso a cuotas arancelarias preferenciales: en la cuota Hilton dispone de apenas 1.000 toneladas, frente a las 29.000 de Argentina y las 4.800 de Uruguay. Se explicó que, en la cuota común de bajo arancel a la Unión Europea, compartida con países como Brasil y Japón, la disponibilidad se agota el 5 de enero, lo que deja a Paraguay en desventaja frente a Brasil, el mayor exportador mundial de carne. Se señaló además que, a diferencia de Argentina y Uruguay, que cuentan con una cuota bilateral de 20.000 toneladas cada uno para ingresar a Estados Unidos con arancel preferencial, Paraguay aún no ha conseguido una cuota propia en ese mercado.
Taiwán y el potencial de los mercados asiáticos
Se indicó que Taiwán ocupa hoy el cuarto lugar entre los destinos de la carne paraguaya, detrás de Chile, Israel y Estados Unidos, y que todavía existe margen para ampliar el tipo de productos habilitados para exportación. Se explicó que el crecimiento de la clase media asiática —que en 2016 representaba el 28 % del total mundial y hoy explica el 66 % de ese crecimiento— sostiene una demanda de proteína animal que la oferta global no logra cubrir, pese a aranceles de acceso cercanos al 40 % en Japón y al 36 % en Corea del Sur. Se mencionó que el objetivo del sector es alcanzar entre 500 y 600 millones de dólares en exportaciones de todas las proteínas, frente a los 300 a 350 millones actuales.
La brecha de productividad entre grandes y pequeños productores
Se cuestionó un dato difundido recientemente según el cual Paraguay produciría un 50 % menos de carne por animal que sus vecinos, calificándolo de metodológicamente débil, aunque se reconoció que existe margen real de mejora. Se explicó que los productores con más de 500 cabezas ya se ubican en niveles de productividad similares a los de Uruguay y Argentina, y por encima de Brasil, mientras que la brecha se concentra en los productores más pequeños: de los 124.000 productores del país, unos 110.000 tienen menos de 100 cabezas y 60.000 tienen menos de 20. Se destacó que, gracias a la condición sanitaria única de Paraguay, incluso el productor más pequeño accede a la misma plataforma de más de 80 países que el gran exportador, y se subrayó el rol social del ganado como una forma de ahorro e inclusión financiera para ese segmento.
Financiamiento, tipo de cambio y las políticas pendientes
Se mencionó el proceso de titulación de tierras impulsado por el INDERT, que facilitaría el acceso al crédito formal, junto con una línea de financiamiento de 45.000 millones de guaraníes que el SENACSA canalizó a través de la Agencia Financiera de Desarrollo (AFD) para subsidiar tasas de interés a pequeños productores, aunque se reconoció que buena parte de esos fondos terminó en cooperativas del Chaco y no en el segmento más pequeño previsto. Se anunció que en septiembre se lanzará un nuevo programa orientado a la retención de hembras. Se cerró señalando que, más allá de estas iniciativas, el reclamo central del sector pasa por la política cambiaria: pese a los precios históricos, la depreciación del dólar continúa erosionando la rentabilidad, sin que las conversaciones mantenidas con el Banco Central hayan derivado hasta el momento en una respuesta concreta.
El episodio permitió describir un sector que combina precios de exportación históricos, una apertura comercial exitosa y un fuerte impacto social, con tensiones que todavía condicionan su rentabilidad. A partir del análisis de los mercados, las cuotas arancelarias, la productividad y el financiamiento, se concluyó que sostener este crecimiento exigirá una mayor articulación público-privada, una diplomacia comercial más activa y una política cambiaria que acompañe el buen desempeño exportador del sector.
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