El fracaso de América Latina

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial (en el año 1945), Europa estaba destruida y devastada; Asia era un continente pobre y con grandes conflictos que desembocarían en las guerras de Corea y de Vietnam, y el África era un continente aislado y extremadamente pobre.

Desde la visión de los Estados Unidos —la superpotencia reinante—, el continente del futuro era América Latina, porque no había sido destruida por la guerra como Europa y no tenía la pobreza del Asia y del África.

Era un continente que tenía todo para desarrollarse: un inmenso territorio, grandes riquezas naturales y una población compuesta mayoritariamente por descendientes de europeos.

En ese momento, Argentina, Uruguay y Cuba ya eran países ricos y sus poblaciones tenían un nivel de vida superior al de muchos países europeos. Mientras tanto, los dos países más grandes de la región —Brasil y México— parecían tener todas las condiciones para convertirse en importantes potencias mundiales.

Lamentablemente la realidad ha sido muy diferente. Los tres países ricos se han empobrecido y los dos más grandes no han podido desarrollarse.

Las causas de este fracaso son muchas, pero una de las principales ha sido la llegada al poder de líderes mesiánicos y populistas, como Perón, Gétulio Vargas y Fidel Castro en el siglo XX, y Chávez, Lula y los Kirchner en el siglo XXI.

En este momento, Estados Unidos continúa siendo la principal potencia del mundo, pero Europa se ha reconstruido y los países asiáticos se han desarrollado integrándose a la economía mundial.

Hasta África —que parecía un continente sin esperanza—, en los últimos años ha ido modernizándose, albergando en su seno a 6 de los 10 países que más crecen en el mundo.

El año pasado cuando el mundo entero sufrió los durísimos embates de la pandemia del Covid-19 la economía mundial tuvo una caída de un -3,3%, pero América Latina tuvo una mucho mayor del -7%. Para este año 2021 el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronostica un crecimiento de la economía mundial del 6%, mientras que para América Latina de tan solo 4,6%.

¡Cuando el mundo cae nosotros caemos más, cuando el mundo crece nosotros crecemos menos!

En nuestra región, la excepción hasta ahora había sido Chile, que para muchos era el ejemplo y el modelo a seguir.

El país trasandino, al igual que los países asiáticos, abrió su economía y se integró al mundo por medio de Acuerdos de Libre Comercio con 58 países.

Estos acuerdos le permitieron acceder con sus productos a los grandes mercados —Estados Unidos, China, Unión Europea—, lo que a su vez hizo viable la realización de importantes inversiones nacionales y extranjeras que impulsaron su crecimiento económico y disminuyeron la pobreza de manera significativa.

Pero este país tan exitoso ahora se ha pegado “un tiro en el pie”, comenzando a destruir las fuentes de su prosperidad. Las explosiones sociales de noviembre del año 2019 se apaciguaron con la promesa de una nueva Constitución. Lamentablemente la mayoría de los convencionales electos el domingo pasado tienen algo en común… con el noble deseo de reducir la desigualdad, van a destruir las bases del éxito económico que tuvieron hasta ahora.

Países que eran ricos —como Argentina, Uruguay y Cuba— hoy son pobres; países grandes que se esperaba que se conviertan en potencias mundiales —como Brasil y México— hoy no lo son, y Chile que venía haciendo bien los deberes parece estar iniciando ahora el camino inverso.

De ser América Latina en 1945 el continente del futuro y de la esperanza, hoy lamentablemente se ha convertido en una región fracasada.

Pero lo peor es que si continúa en la misma senda, puede llegar a ser en el futuro —para vergüenza de los latinoamericanos— la zona más pobre y atrasada del mundo.

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