El camino hacia los mejores salarios

Pocas propuestas generan tanto apoyo como elevar el salario mínimo. El asunto es determinar si ese camino mejora realmente el bienestar de los trabajadores.

El salario mínimo es una herramienta que puede mejorar los ingresos y reducir la inequidad. El economista Thomas Piketty decía que: “El salario mínimo tiene un impacto en la parte inferior de la distribución de los ingresos en la sociedad.”

La idea de un fuerte aumento del salario mínimo resulta políticamente atractiva porque ofrece una solución rápida a un problema real de la gente. Sin embargo, eso podría pasar por alto sus consecuencias efectivas.

En un contexto en el que seis de cada diez trabajadores se desempeñan en la economía informal, un aumento importante del costo laboral no necesariamente se traduce en más desempleo, sino en un desplazamiento de parte de los empleos formales hacia la informalidad.

En particular, si el salario mínimo crece por encima de la productividad laboral, aumenta el riesgo de precarización de las condiciones de trabajo, empeorando la inequidad. Los trabajadores podrían caer en una trampa de ingresos más bajos.

Como lo resumen Tyler Cowen y Alex Tabarrok, las investigaciones recientes indican que subas grandes del salario mínimo pueden deteriorar la calidad de los empleos de los grupos más vulnerables que son los trabajadores de menor educación y más jóvenes. Esto ocurre porque parte de los trabajadores termina desplazándose hacia empleos temporales u ocasionales, generalmente informales.

Entonces, subas importantes del salario mínimo no necesariamente destruyen puestos de trabajo, sino que pueden empeorar la situación laboral de los trabajadores más vulnerables.

Otro asunto tiene relación con el efecto en la inflación. En general, la evidencia con los datos de Paraguay indica que los aumentos generales del salario mínimo no tuvieron un efecto significativo en la inflación. Pero un aumento grande del salario mínimo puede retroalimentar subas de la inflación en un contexto de altos precios de los combustibles.

Además, los ajustes salariales del sector público están indexados al ajuste del salario mínimo. Un aumento significativo puede traducirse en mayores presiones sobre el gasto público, elevando el gasto rígido y reduciendo el espacio fiscal para otras prioridades del Estado, como ejecutar obras públicas que generen empleos.

Ahora, lo importante no es precisamente el salario mínimo, sino los salarios promedio en términos reales; es decir, en términos de su poder de compra. Entonces, el objetivo debería ser elevar el poder adquisitivo de los salarios promedios por encima de la inflación.

Los países que lograron mejoras sostenidas en los salarios reales lo hicieron a través de aumentos en la productividad laboral, impulsados por inversiones y mejoras en la educación de los trabajadores. Los mejores salarios suelen ser el resultado de una economía con trabajadores más productivos.

El verdadero camino hacia un mayor bienestar pasa por más productividad y por un mayor acceso a la seguridad social. Ese camino suele ser más largo, pero también el único capaz de generar mejoras duraderas.

Artículos relacionados

Respuestas

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *