¿Dólar, refugio seguro?

El papel de refugio seguro del dólar está siendo cuestionado últimamente, pero la complejidad del fenómeno reduce nuestra capacidad de clarificar el panorama.
Sin duda, la moneda es un gran invento humano que ha aumentado el bienestar social porque hace posible evitar la doble coincidencia de necesidades en las transacciones económicas. La moneda como medio de cambio fomenta el comercio y permite llevar al extremo la división y especialización del trabajo e incrementar la eficiencia y la productividad de las personas. La amplia aceptación y el conocimiento son las condiciones básicas. Para ello, es fundamental la confianza de que mantendrá su valor en el tiempo. El emisor o acuñador debe tener una reconocida reputación de seriedad y responsabilidad en el cumplimiento de su mandato.
En la antigüedad fueron utilizadas monedas de oro y plata debido a su escasez, divisibilidad y facilidad de estandarización en contenido, peso y tamaño. Eran acuñadas por la autoridad, reyes o emperadores, quienes imponían su aceptación en sus dominios. Ejemplos son, el Denario, la moneda de plata acuñada por el Imperio romano, o el Real de a Ocho, acuñada por los reyes de España. Ambas monedas tuvieron un amplio alcance internacional porque lograron una reputación de seriedad y responsabilidad en la acuñación. Sin embargo, en ambos casos, por la necesidad de sufragar los altos costos de las guerras, los excesos de reyes, etc., y por la menor producción de las minas de plata, empezaron a degradar las monedas con la incorporación de metales menos valiosos, y terminaron desapareciendo luego de siglos de vigencia.
En los sistemas monetarios fiduciarios actuales, la seriedad y responsabilidad se basan en un régimen institucional de equilibrios y controles recíprocos que ponga límites efectivos a la emisión de moneda. El ancla fundamental es, como fue en la antigüedad, la disciplina y responsabilidad fiscal para mantener la confianza en la sostenibilidad de la deuda pública. El segundo componente es un Banco Central independiente para administrar el monopolio en la emisión monetaria y proveer solo la cantidad de dinero necesaria para facilitar las transacciones económicas, garantizando la estabilidad de precios.
La consolidación del dólar como moneda dominante viene con el orden geopolítico impuesto luego de la Segunda Guerra Mundial, con EEUU como líder. Este dominio prevalece hasta hoy por una serie de factores: a) La confianza en el régimen institucional de EEUU que mantuvo la solvencia fiscal y una moneda estable por más de un siglo; b) una economía grande (25% de la economía mundial), dinámica, innovadora y un mercado de capitales profundo y rentable; c) el efecto de red que surge de la aceptación planetaria del dólar; d) un mercado de bonos soberanos de gran tamaño con alta liquidez. Las dudas actuales, razonables, se fundamentan en la polarización política que está socavando la disciplina fiscal. Según el FMI, en el 2025 el déficit del Gobierno general fue del 7,4% del PIB y la deuda bruta cerró en 125% del PIB. A esto se suma la presión política sobre el Consejo de la FED para reducir la tasa de interés, minando su necesaria independencia.
Por lo tanto, el régimen institucional de EEUU enfrenta una prueba de fuego en los próximos años. La situación es manejable, pero es necesario reducir el déficit fiscal de manera sustancial para mantener la confianza en la deuda pública. Si el régimen funciona como en ocasiones anteriores, los próximos gobiernos corregirán la política fiscal y reducirán el nivel de deuda en los próximos años. Y la FED actual mantendrá su política monetaria, a pesar de las presiones recibidas. Si no funciona, inversionistas de todo el mundo buscarán alternativas. No hay un sustituto y las opciones son limitadas. La más cercana es el euro, pero con instituciones fiscales fragmentadas y una economía poco dinámica. Luego, por tamaño y dinamismo viene el Yuan, pero con una calidad institucional muy inferior. Lo más probable es que veamos un proceso de diversificación de monedas en los portafolios en los próximos años, beneficiando a países medianos y pequeños con instituciones sólidas y confiables.
Respuestas