Anexo C El pasado y el futuro

Con los cambios producidos a comienzos de este año en la Dirección General de Itaipú, en la Cancillería y en el liderazgo del equipo negociador del Anexo C, este tema ha vuelto a ponerse en el tapete en toda la sociedad. 

Entre lo mucho que se ha publicado me gustó la columna del periodista Gustavo A. Olmedo B. en la que insta a sus colegas a actuar con responsabilidad y moderación ante tan importante y sensible tema. 

Ojalá este llamamiento sea escuchado por todos los sectores para dejar de lado la confrontación y podamos debatir con serenidad las diferentes opciones que tenemos en esta compleja negociación.

Yo comprendo la pasión que sentimos los paraguayos al recordar que Itaipú fue la solución al grave conflicto por los saltos del Guairá, que a su vez tuvo su origen en el tratado de límites Loizaga-Cotegipe, que nos impusieron los brasileños en 1872 al finalizar la Guerra contra la Triple Alianza que aniquiló a nuestro país.

Yo también comprendo la indignación que nos genera la enorme corrupción que existió, tanto durante la construcción de la represa como en estos 50 años de operación.

Pero así como no podemos desconocer las sombras del pasado, tampoco podemos desconocer los beneficios que trajo esta colosal obra para nuestro país.

Recordemos que en 1973 cuando se firmó el Tratado, el PIB del Paraguay era de apenas 995 millones de dólares y la inversión en la obra fue superior a los 12 mil millones de dólares (más de 12 veces nuestro PIB).

Esta gigantesca obra además de ser una solución diplomática al problema de los saltos del Guairá, insoluble pacíficamente, nos aseguró energía eléctrica para los siguientes 60 años sin hacer otras inversiones y nos hizo propietarios del 50% de una usina que hoy se valora en alrededor de 60 mil millones de dólares.

Esto es el pasado. Ahora miremos al futuro y lo más inmediato es el año 2023, cuando el Anexo C del Tratado será revisado y cuando la deuda de la binacional estará totalmente cancelada.

Si los dos países no nos ponemos de acuerdo en una nueva redacción del Anexo C, la actual redacción continuará vigente. Como los costos de Itaipú se reducirían en un 60% por la cancelación de la deuda y como los ingresos deben ser iguales a los costos, la tarifa caería abruptamente, siendo el gran beneficiado el Brasil, que compra el 85% de la energía.

El Brasil se encuentra en una posición absolutamente ventajosa. Solo tiene que hacer tiempo dejando que transcurran los días y rechazando nuestros planteamientos, para que en el 2023 ellos obtengan una gran reducción en los costos.

Es el Paraguay es el que tiene que moverse rápidamente, realizando propuestas inteligentes que hagan posible llegar a un nuevo acuerdo antes del 2023. Para que esto sea posible el primer gran escollo es la negociación con nosotros mismos, consensuando lo que queremos y lo que podemos conseguir.

Las posiciones extremistas y poco realistas, sumadas a las descalificaciones personales, hacen imposible que los paraguayos podamos consensuar una posición que lleven nuestros representantes a la mesa de negociación.

Si hipotéticamente nos pusiéramos de acuerdo internamente, aún nos quedaría la gran batalla de convencer a nuestra contraparte sobre un nuevo acuerdo, donde tendremos que negociar con poderosas instituciones como Itamaraty y el Ministerio de Minas y Energía y obtener la aprobación del Congreso del vecino país.

La tarea es titánica y es absolutamente imposible si continuamos con nuestras peleas y descalificaciones. Recordemos lo que dice el Martín Fierro: “los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera”.

Hoy, ser patriota significa buscar el consenso.

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