Un dólar que pierde fuerza en el margen

El dólar ha perdido valor en los últimos meses. Se trata de una erosión gradual de la confianza en su rol como reserva de valor.
Hace unas semanas, un portal de noticias citaba a un alto ejecutivo bancario norteamericano: “Las políticas comerciales de los Estados Unidos (EEUU) están creando un “nuevo orden mundial” a medida que los inversores cambian dólares y acciones estadounidenses por activos internacionales.”
Históricamente, el dólar mantuvo su pujanza gracias a la confiabilidad de sus instituciones. Asimismo, dicha moneda tiende a fortalecerse cuando su economía crece a un mayor ritmo, o cuando las tasas de interés son más altas. También en momentos de volatilidad e incertidumbre extremas, los activos y la moneda norteamericanas sirven como refugio.
Algo similar ocurrió con el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Antes del conflicto, la caída del dólar superaba el 9,0% (en doce meses). Actualmente, esa depreciación se redujo al 4,5%, una mejora que refleja el típico movimiento hacia el dólar en tiempos de incertidumbre.
Más allá de la situación actual, el deterioro gradual del dólar posiblemente siga. Esto se debe a una combinación de factores políticos y económicos.
La cuestión de fondo sería una percepción de riesgo sobre la institucionalidad de los EEUU. Esto podría relacionarse con la guerra arancelaria –cuyas bases han sido cuestionadas por la propia Corte Suprema–, y las críticas que podrían afectar la independencia de la Reserva Federal (Fed, Banco Central).
A esto se suma la preocupación por el elevado déficit fiscal y la creciente deuda pública. Un trabajo del economista John Cochrane señala que el valor de la moneda también depende de la solvencia fiscal del país que la emite. Si las finanzas públicas se deterioran, los inversores podrían dudar de la capacidad del Estado de pagar su deuda, lo cual puede elevar la inflación.
Los mercados suelen anticiparse según su interpretación de los posibles escenarios. Esto se refleja en la compra de coberturas frente al riesgo cambiario del dólar y en la exigencia de mayores rendimientos para adquirir los Bonos del Tesoro (de mayores plazos).
Además, con la baja de la tasa de interés de política de la Fed, disminuyó la ventaja que ofrecían los activos en dólares frente a otras monedas, reforzando así la presión a la baja sobre la moneda norteamericana.
Aun así, el dólar sigue siendo la moneda preferida por los grandes inversores institucionales para guardar sus activos (reserva de valor). Aunque cada vez más se busca diversificar hacia otras monedas.
Al respecto, es pertinente revisar un reporte sobre la gestión de las reservas de los bancos centrales del 2025, del Foro Oficial de Instituciones Monetarias y Financieras (OMFIF por sus siglas en inglés), un organismo no gubernamental.
Del reporte se desprende que habría una diversificación en el margen, es decir, en las nuevas inversiones. De acuerdo con el relevamiento del OMFIF, el dólar mantendría una participación por encima del 50% en las reservas internacionales en los próximos diez años, cifra inferior a la de un año atrás (55%).
Sin embargo, se señala que la moneda norteamericana fue superada por el euro y el renminbi, como las monedas de reserva más demandadas a corto plazo.
Aunque, se reconoce que las alternativas no podrían sustituir plenamente al dólar. Eso tiene que ver con la liquidez y la seguridad que ofrecen los activos, y los mercados de dicha moneda.
En síntesis, si bien el dólar mantiene su liderazgo, enfrenta un debilitamiento lento, que podría convertirse en una tendencia firme, si persisten las dudas sobre la institucionalidad de su emisor.
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