Sistema electoral y ciudadanía

Nuestra Constitución Nacional determina que el Paraguay adopta para su gobierno la democracia representativa, participativa y pluralista.

También determina que el pueblo ejerce su poder público por medio del voto para elegir a sus representantes para gobernarlos.

Desde el advenimiento de nuestra democracia en el año 1989, elección tras elección, la calidad de los representantes que el pueblo ha elegido ha sido cada vez peor, tanto intelectual como moralmente.

De notables juristas, como Óscar Paciello, Rafael Eladio Velázquez y Evelio Fernández Arévalo —por citar solo algunos— que elegimos para la Asamblea Nacional Constituyente de 1992, pasamos a elegir a cuestionados parlamentarios, tales como Óscar González Daher, Víctor Bogado y Carlos Portillo, etc.— en las últimas elecciones.

¿Cuáles pueden ser las causas de este deterioro en la calidad de la representación? ¿El problema es el sistema electoral? O ¿el problema es una ciudadanía poco participativa y poco formada para elegir bien?

Las respuestas a estas preguntas son de las más variadas. Algunos culpan al sistema electoral, otros a la corrupción reinante, muchos al financiamiento político, etc. Pero la causa a la que con mayor apoyo popular se le achacó la culpa fue al sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas para la elección de los cargos plurinominales, como los del Senado, Diputados y Juntas Departamentales y Municipales.

Debido a esta presión popular, este sistema fue modificado y hoy tenemos un nuevo sistema de listas cerradas pero desbloqueadas, por medio de un voto preferencial a un miembro de la lista cerrada.

Este nuevo sistema será usado por primera vez en las elecciones de hoy domingo y se empleará en todas las futuras elecciones. Existen defensores y detractores de este nuevo sistema; para algunos mejorará la calidad de la representación, mientras que para otros hasta la empeorará.

Personalmente creo que todos los sistemas electorales tienen sus aspectos positivos y negativos; pero —a mi criterio— ningún sistema puede reemplazar a la calidad de la ciudadanía, que es la que tiene que elegir.

Recordemos que en la Antigua Grecia la democracia era directa y el método para elegir a sus gobernantes era el sorteo; sin embargo, en esta era moderna la democracia es representativa y el método para elegir a los gobernantes es a través de elecciones de candidatos propuestos por los partidos políticos.

El sistema de selección de los candidatos dentro de cada partido político y el posterior sistema de elección general son importantes; pero —a mi juicio— mucho más importantes son la educación y los valores éticos de los ciudadanos, que son los electores. Y en ambos puntos el Paraguay tiene graves problemas que ningún sistema electoral puede compensar.

En el tema educativo, los resultados de las pruebas PISA-D que realizamos hace unos años nos demostraron la tragedia educativa que vive nuestro país, donde en lectura el 68%, en ciencias el 76% y en matemáticas el 92% de los alumnos no alcanzaron las competencias básicas que les permitirían participar de manera efectiva en su vida como estudiante, como trabajador y como ciudadano.

En el tema corrupción, el último informe de Transparencia Internacional coloca a nuestro país en el lugar 137 sobre un total de 179 países en el ránking mundial de percepción de corrupción, ubicándonos entre los peores calificados, solamente por encima de Honduras, Guatemala y Venezuela.

Hoy inauguramos un nuevo sistema electoral ampliamente reclamado por varios sectores de la ciudadanía. Con dicho sistema claramente el elector amplía sus posibilidades de elegir mejor.

Esperemos que así lo haga, pero aunque estoy convencido de que no habrá un cambio radical, espero que podamos dar un paso para ir mejorando gradualmente la calidad de nuestra formación ciudadana, de nuestra democracia y la de los políticos que nos representan.

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