¿Serán 5 años perdidos?

Desde el inicio de esta era democrática hemos estado viviendo en un permanente clima político de enfrentamientos y descalificaciones. En estos años tuvimos fraude electoral, asesinato político, destitución de dos presidentes y un bloqueo permanente entre los diversos sectores.

Lamentablemente, el ambiente político actual nos hace presagiar que en los próximos cinco años esta situación difícilmente vaya a mejorar e, incluso, pueda empeorar.

El enfrentamiento dentro del Partido Colorado ya es “a muerte” y todo indica que el mismo solo puede ir calentándose aún más en el futuro.

El enfrentamiento en la oposición, si bien es hasta ahora de baja intensidad porque todavía existe la posibilidad de alguna unidad electoral, también irá profundizándose en el futuro.

Con estos escenarios, el candidato que resulte electo en abril de este año, tendrá enormes dificultades para conseguir la gobernabilidad, imprescindible para sobrevivir en el cargo y para llevar adelante sus planes de gobierno.

Nuestra actual Constitución le otorga amplios poderes al Congreso y todos los analistas coinciden en que el Partido Colorado aumentará en forma importante el número de sus bancas y que la oposición continuará dividida y fragmentada.

Si el candidato triunfador fuera Santi Peña se encontrará con una “teórica” mayoría colorada, y digo teórica porque casi la mitad de la misma estará compuesta por los senadores de Fuerza Republicana, que probablemente serán la mayor oposición a su gobierno.

Estos colorados disidentes sumados a sectores de la oposición podrían tener mayoría en el Senado…como ocurre actualmente.

Si el candidato triunfador fuera Efraín Alegre se encontrará con la realidad de que solamente ha construido una unidad electoral para ganar, pero sin una unidad programática para gobernar.

A él le será muy difícil impulsar reformas cuando entre los que lo “apoyan” encontramos a sectores del Frente Guasú y a Patria Querida, que se encuentran en las antípodas ideológicas.

En un sistema casi parlamentarista como el nuestro, un presidente que pretenda tener gobernabilidad tiene que contar con los votos en el Congreso -especialmente en el Senado- que le aseguren no ser destituido (16 votos) y que le permitan hacer aprobar sus leyes (23 votos).

Si no consigue lo primero vivirá durante todo su mandato con la amenaza de su destitución y, si no consigue lo segundo, será un presidente bloqueado e incapaz de llevar adelante sus proyectos.

Así como se ve el escenario político actual, cualquiera de los dos candidatos con más posibilidades de ganar -Santi o Efraín- tendrá enormes problemas de gobernabilidad en los cinco años de su gobierno.

Recordemos que en estos treinta años de vida democrática dos presidentes fueron destituidos, uno colorado, Raúl Cubas, y el otro opositor, Fernando Lugo, lo cual nos indica que la ingobernabilidad no es patrimonio de un solo sector político.

Es lamentable tener este escenario en un momento en que el mundo entero se ha vuelto mucho más hostil para con nuestro desarrollo. Tenemos guerras, enfrentamiento geopolítico entre las superpotencias y graves crisis económicas en nuestros dos grandes vecinos.

Ahora más que nunca el Paraguay necesita realizar reformas estructurales que le permitan su desarrollo económico y social, como por ejemplo en la educación, en la salud y en las jubilaciones.

Estas reformas tendrán muchísima oposición que solamente podrá superarse con una ciudadanía informada y movilizada, y con un presidente con gran liderazgo y con el suficiente capital político (votos en el Congreso) para llevarlas adelante.

Lamentablemente, estas reflexiones tan pesimistas son el sentir de mucha gente, pero a pesar de eso nunca pierdo la esperanza de ver surgir una nueva clase política y una ciudadanía participativa que logren que los próximos cinco años no sean años perdidos.

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