Los fomentadores del odio

Dos años después de la terrible invasión al Capitolio de Washington por los partidarios de Donald Trump, se repite una escena similar en Brasilia, con la invasión de los partidarios de Bolsonaro a los edificios de los tres poderes del Estado de la nación brasileña.

Estos dos acontecimientos han sido el punto culminante de dos procesos exactamente iguales, que se iniciaron con la irrupción imprevista de un líder populista que llegó al poder estimulando y fomentando la división y el enfrentamiento entre los diferentes sectores de la sociedad.

La palabra “populista” es muy utilizada actualmente y muchos la confunden con la demagogia, pero no son la misma cosa, es más, son muy diferentes.

Para mí la mejor conceptualización de lo que es el populismo, la realizó el fallecido filósofo y politólogo argentino Ernesto Laclau –profesor de la Universidad de Essex en Inglaterra– quien en su libro La razón populista describe con claridad que el mismo es una forma de concebir la política.

Laclau, que fue asesor de Chávez y de Kirchner, dice que la política no es la búsqueda del bien común, como ingenuamente piensan algunos, sino el enfrentamiento de intereses muy diversos. El líder populista es aquel que consigue dividir la sociedad en dos campos antagónicos: El pueblo y el antipueblo.

En el “pueblo” entran muchos sectores y muchos intereses –los pobres, los negros, los homosexuales, los ambientalistas– y en el “antipueblo” también –los ricos, los extranjeros, los empresarios, los religiosos– el líder populista es el defensor del pueblo contra el antipueblo.

Dependiendo de quienes integren el grupo del pueblo o del antipueblo, el líder puede ser de izquierda o de derecha. Por eso, tenemos líderes populistas tan diversos como Hitler, Putin y Trump a nivel internacional, y Chávez, Cristina y Bolsonaro a nivel regional.

Los líderes populistas, primero para obtener el poder y después aumentarlo, deben ser permanentes estimuladores de los conflictos entre ambos grupos, fomentando la división y el enfrentamiento. De arios contra judíos, de blancos contra negros, de obreros contra empresarios, de nacionales contra extranjeros.

En contraposición a este modelo tenemos a la democracia liberal que propone el respeto a los derechos humanos, la división de poderes para evitar el autoritarismo, la creación de un estado de derecho y la búsqueda de consensos por el bien común.

Durante el periodo de la Guerra Fría (1945-1991), las amenazas a la democracia provenían de la subversión marxista y de los golpes de Estado de los militares. En este siglo XXI, la amenaza a la democracia viene de esa visión de Laclau de una “democracia populista”.

Las amenazas a la democracia durante la Guerra Fría eran visibles y violentas (guerrillas y golpes de Estado), sin embargo, las amenazas actuales son mucho más sutiles y muchas veces imperceptibles.

En un excelente libro de Levitsky y Ziblatt titulado Cómo las Democracias mueren se alerta que ahora la democracia va muriendo en un proceso lento y constante de debilitamiento y control de sus instituciones claves, que son, entre otras, la justicia y los medios de comunicación.

En nuestro país los que creemos en el desarrollo económico y social en democracia, tenemos que conocer muy bien cuáles son las amenazas actuales y estar muy atentos para evitar que se vayan repitiendo procesos como el que hoy vemos en la Argentina, en el Brasil y en los Estados Unidos.

Nuestra Constitución Nacional en su artículo primero dice que “El Paraguay se constituye en un Estado social de derecho y adopta para su Gobierno la democracia representativa, participativa y pluralista”.

Los que creemos y respetamos ese artículo de nuestra Constitución, tenemos que estar alertas para poder defender nuestra democracia de sus actuales enemigos.

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