La volatilidad del dólar y el dilema del BCP

La semana pasada DENDE presentó ante una nutrida y variada concurrencia, su visión sobre los posibles escenarios políticos y económicos internacionales y nacionales.

Los temas abordados fueron numerosos y diversos, pero sin duda alguna, el tema que dominó el interés de todos los presentes fue: Qué pasa y qué va a pasar con el dólar.

Para debatir este tema primero tenemos que responder a una pregunta que fue objeto de profundos debates en el año 1992, cuando fue redactada nuestra actual Constitución: ¿Cuál debe ser el rol del Banco Central en la economía?

En la constituyente se discutieron dos modelos opuestos: Uno era el modelo del Bundesbank de Alemania que era un Banco Central independiente y con un solo objetivo: Preservar la estabilidad monetaria,; es decir, inflación baja.

La razón de este modelo fue la hiperinflación que vivió Alemania entre los años 1921 y 1923 cuando los precios de la canasta familiar subieron 2 millones de veces, ocasionando un caos económico y social y generando las condiciones políticas que hicieron posible el posterior ascenso de Hitler al poder.

El otro modelo era el del Federal Reserve de Estados Unidos que tenía dos objetivos: Inflación baja y pleno empleo. La razón de este modelo se debió a que ellos no sufrieron de altas inflaciones, pero sí de fuertes recesiones con un gran desempleo, como las del año 1929.

Nuestros constituyentes, finalmente, redactaron “el Banco Central tiene la exclusividad de la emisión monetaria, pero conforme a los objetivos de la política económica del Gobierno”, la redacción es confusa, pero da a entender que además de controlar la inflación debe acompañar los objetivos de la política económica.

Y el objetivo de la política económica del gobierno siempre es el desarrollo del país y en el caso del Paraguay el único modelo de desarrollo posible es vía exportaciones.

Con un mercado interno extremadamente pequeño nadie va a realizar importantes inversiones si no puede llegar con sus productos a los grandes mercados regionales o internacionales.

Esa estrategia es la que siguieron todos los países del Asia, desde los pequeños como Singapur hasta los grandes como China, y esa estrategia necesita para su viabilidad tener un tipo de cambio “competitivo”, es decir una moneda ligeramente depreciada o lo que es lo mismo, un dólar ligeramente alto.

Esto permite que los productos nacionales sean relativamente más baratos que los producidos en el exterior y eso atrae inversiones extranjeras y estimula la exportación.

En el Paraguay al tener nuestro Banco Central dos objetivos (estabilidad de precios y fomento del desarrollo) tiene dos metas que son contrapuestas.

El dólar bajo favorece la lucha contra la inflación, pero afecta la competitividad de nuestros productos de exportación que es la base de nuestro desarrollo.

Su actual política de “no intervención a la baja” genera una contradicción sistémica. Por un lado, buscamos ser un hub exportador y atraer inversiones para producir bienes con valor agregado, pero, por otro lado, permitimos que la volatilidad cambiaria castigue precisamente a esos sectores.

El BCP debe considerar que su misión constitucional no es solo custodiar el valor de la moneda en términos de precios al consumidor, sino también evitar distorsiones que comprometan el motor del crecimiento de largo plazo.

Debemos tener siempre presente que la estabilidad no es simplemente la ausencia de inflación, sino es también la previsibilidad necesaria para que el inversor y el productor puedan planificar.

Si no preservamos al máximo a nuestra moneda para que no sea un juguete de los coyunturales movimientos financieros, estaremos condenando nuestro desarrollo a los vaivenes de flujos volátiles y especulativos.

En tiempos de incertidumbre global es importante que una visión técnica de corto plazo no se encuentre por encima de una visión estratégica de largo plazo.

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