Desafíos para seguir creciendo

Los cambios en la economía mundial implican desafíos y oportunidades para nuestro país, en especial respecto a los motores que impulsan el crecimiento económico, las políticas públicas y la agenda de reformas necesarias para seguir avanzando en el mejoramiento en las condiciones de vida y el bienestar de nuestra gente.

Por un lado, el proceso de cambio de las cadenas de suministros globales resultantes de la estrategia de los países desarrollados de reducir su dependencia de China está beneficiando principalmente a los demás países en desarrollo de Asia y, en cierta medida, a México, a algunos países de Centro América y el Caribe y a países de Europa del Este. Nuestra región, América del Sur y nuestro país en particular, está quedando fuera por falta de competitividad, al carecer de un sistema logístico y de conectividad eficiente y por regulaciones laborales excesivamente gravosas y rígidas para los requerimientos de la inversión extranjera en sectores intensivos en mano de obra. Por lo tanto, como recientemente lo expresara el presidente del BID, Ilan Goldfajn, nos queda seguir apostando a productos basados en nuestros recursos naturales y minerales cuya demanda seguirá siendo sostenida, en especial de aquellos relacionados a la necesidad de controlar el ritmo del cambio climático y de alimentar a una creciente clase media en distintas partes del mundo. En el caso de nuestro país, seguirán siendo los alimentos y debemos avanzar decididamente en el desarrollo de la industria forestal y de celulosa e impulsar la energía solar para la producción y exportación de hidrógeno verde aprovechando la necesidad de varios países desarrollados y en desarrollo de cambiar su matriz energética. Además, debemos seguir profundizando la integración a las cadenas industriales del Brasil a través de la maquila, que permite a la industria brasileña reducir costos y mejorar su competitividad frente a productos de extrazona, al interior del Mercosur.

Por otro lado, el proceso de ajuste monetario de la Reserva Federal de EEUU (la FED) para retrotraer la inflación a su meta de alrededor del 2% anual, está provocando cambios sustanciales en las condiciones de financiamiento en los mercados de capitales, tanto en los costos como en su volatilidad y estructura a distintos plazos. Si bien esto no es nuevo, en las últimas semanas se ha incrementado la incertidumbre respecto a la tasa neutral de política monetaria a medida que las autoridades de la FED van indicando que las actuales tasas persistirán por más tiempo, y por las políticas fiscales fuertemente expansivas del gobierno americano para dar impulso a sus políticas de subsidios industriales y de combate al cambio climático. Estos factores, combinados con los efectos al alza en la inflación internacional de la reorganización de la cadena de suministros, indican que la presión inflacionaria permanecerá alta por mucho tiempo. Por estas razones, la curva de tasas a plazos en EEUU se ha aplanado en las últimas semanas y las tasas de los bonos del tesoro americano a 10 y 30 años se ubicaron incluso cerca del 5% anual, a pesar de que las proyecciones de la FED indican que su tasa de política volvería a niveles del 2,5% a mediano plazo. En consecuencia, el rendimiento de los bonos del tesoro paraguayo a 10 años ronda el 6.5/6.8% anual y permanecería en estos niveles si tomamos en cuenta la curva de tasas de los bonos americanos. Recordemos que esta tasa es piso para cualquier inversión privada en nuestro país que requiera fondos internacionales y las inversiones forestales, en celulosa, en generación de energía solar, en plantas de hidrógeno, etc. son muy intensivas en capital y requieren de inversión extranjera directa.

Recuperar un crecimiento económico potencial del 4% anual en este contexto es muy desafiante. Para aprovechar las ventanas de oportunidades que tenemos, debemos realizar las reformas que nos permitan alcanzar el grado de inversión, crear marcos regulatorios adecuados, seguros y estables en los sectores con potencial y buscar activamente la inversión extranjera para desarrollarlos lo antes posible y no perder el vagón del tren que nos toca en los próximos años. En el 2003 hicimos lo necesario y aprovechamos el tren de los commodities. Veremos si podemos hacerlo de vuelta en esta oportunidad.

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