Caja Fiscal: Un problema ético y moral

La semana pasada diversos sectores empresariales y de la sociedad civil se manifestaron a favor de una urgente reforma del sistema jubilatorio de los empleados públicos –llamado Caja Fiscal– que tiene un imparable déficit que el año pasado alcanzó los 380 millones de dólares.

En la mayoría de los manifiestos se explicaba que ese déficit era consecuencia del déficit actuarial, del envejecimiento poblacional y del desequilibrio entre aportes y beneficios. Todo cierto, pero muy técnico e incompleto.

En realidad, la actual crisis financiera y política de la Caja Fiscal tiene como origen un problema ético y moral.

Es un problema ético porque refleja la profunda distorsión que tienen nuestros líderes sindicales y nuestros políticos, sobre lo que es y debe ser la justicia social y la responsabilidad colectiva.

Durante años los sindicatos del sector público han presionado de manera sistemática para obtener beneficios previsionales cada vez mas amplios, sin ninguna relación razonable con los aportes realizados por los empleados ni con la capacidad real del Estado para financiarlos.

Jubilaciones tempranas, haberes privilegiados, regímenes especiales y excepciones acumuladas han convertido al sistema en un entramado de privilegios antes de que en un instrumento de protección social.

Pero la responsabilidad no es solo sindical. La otra cara del problema son los políticos populistas que por intereses electorales o por conveniencia coyuntural cedieron a esas presiones.

Convirtieron el sistema previsional en una herramienta de clientelismo, otorgando beneficios sin respaldo financiero, comprometiendo recursos futuros y trasladando el costo a generaciones que ni siquiera participan del debate actual.

Gobernar dejó de ser “administrar con responsabilidad” y pasó a ser “conceder beneficios inmediatos”, aunque el precio lo pague la ciudadanía en el largo plazo.

Aquí aparece el núcleo ético del problema: Se ha normalizado la idea de que es legítimo extraer del Estado más de lo que se aporta, siempre que se tenga el poder de presión para lograrlo.

El sistema previsional dejó de basarse en la solidaridad intergeneracional y pasó a basarse en la lógica de la captura de rentas. No gana quien más contribuye, quien más lo necesita, sino quien mejor se organiza políticamente para lograr sus fines.

La Caja Fiscal no esta quebrada solo por razones financieras o demográficas; esta quebrada moralmente. Esta quebrada porque se rompió el principio básico de que los derechos deben estar vinculados a los deberes y los beneficios a la sostenibilidad financiera.

Un sistema previsional justo no puede ser una fábrica de privilegios ni un botín político. Debe ser un contrato social justo y equilibrado entre generaciones.

Reformar la Caja Fiscal, por tanto, no es solo una tarea técnica, es una tarea política. Exige coraje para decir no a las demandas desmedidas y responsabilidad para terminar con el populismo previsional.

Exige explicar que no hay derechos sin financiamiento, ni justicia social sin equidad generacional. Si no asumimos este debate en términos éticos, cualquier reforma será cosmética. Podrá mejorar los números por un tiempo, pero no corregirá el problema de fondo.

Me preocupa sobremanera que esta tarea esté a cargo solo del Ministerio de Economía y Finanzas, como si el problema fuera solo de números y no un problema ético y político.

Para llevar adelante esta compleja y difícil reforma será imprescindible el liderazgo presidencial. Es fundamental que el presidente se involucre con el mismo entusiasmo con que está realizando su labor de atraer inversiones al país.

Él debe liderar y apoyar estos cambios con una comunicación sencilla, emotiva y no técnica y debe realizar mucha docencia para defender a las generaciones futuras.

Porque ningún sistema será sostenible si sigue construyéndose sobre privilegios, oportunismo político y ausencia de responsabilidad colectiva.

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