El índice que mide cómo se siente la economía

Cuando suben los precios o faltan empleos, la economía se siente en la vida cotidiana. Es el tipo de situación que busca captar un indicador simple.
Hay varias situaciones que afectan el ánimo de la gente, como el tráfico o la inseguridad. En el ámbito económico, la inflación y el desempleo están entre las variables que más afectan el día a día de las personas.
Como señalaba Margaret Thatcher: “La inflación erosiona el poder adquisitivo y es la ladrona de quienes ahorran”. Por su parte, el desempleo significa pérdida directa de ingresos. Cuando una de estas variables aumenta –o ambas al mismo tiempo– el sentimiento de insatisfacción o malestar se vuelve evidente.
Una forma simple para captar ese fenómeno es calcular el índice de miseria, desarrollado por Arthur Okun. Se trata de la suma de la inflación y de la tasa de desempleo, lo que permite aproximar cómo se siente la economía.
El concepto es sencillo. Cuando este indicador sube, hay un deterioro de la situación económica de los hogares, ya sea porque su dinero rinde menos o porque se pierde una fuente de ingresos.
En el caso de Paraguay, una aproximación más cercana a la realidad es combinar la inflación de alimentos (interanual) con el desempleo (sin estacionalidad) y la subocupación (personas que trabajan menos tiempo de lo deseado).
Esta combinación permite reflejar mejor la percepción de bienestar, dado el peso de los alimentos en el presupuesto familiar y la alta informalidad laboral.
La inflación interanual mide cuánto subieron los precios en el último año. Sin embargo, las personas no solo perciben ese cambio reciente, sino cuánto han subido los precios en varios años. Por eso, una propuesta de Jared Bernstein es considerar la inflación acumulada de los últimos cuatro años. Esa idea se incorpora en este análisis.
Luego de la pandemia, se deterioró la situación económica de las familias por la suba de precios de los alimentos y el deterioro del mercado laboral. El índice se mantuvo en niveles altos durante el 2023.
En general, cuando la economía mejora, el índice de miseria tiende a disminuir. Sin embargo, esta no es una relación lineal. Y a pesar del mayor crecimiento económico, desde fines del 2023 y hasta mediados del 2024 se observa una suba importante del índice, nuevamente asociado al aumento de precios de los alimentos. Desde entonces, el índice de miseria se ha mantenido alto.
Recientemente, a marzo del 2026 se vislumbra una mejor situación económica de los hogares que habría iniciado a fines del 2025, gracias a la baja de la inflación. Aunque, el índice sigue siendo alto y se mantiene por encima de los niveles previos a la pandemia, lo que podría explicar esa sensación de que la mejora de la macro no llega a todos.
Este comportamiento también se refleja en otros indicadores. Por ejemplo, la confianza del consumidor se redujo y se ubicó por momentos en zona de pesimismo en el 2025.
En definitiva, el índice de miseria funciona como un termómetro de cómo la gente siente la economía. Y es otra forma de mirar los indicadores tradicionales.
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