Patriota o vendepatria

Una noticia que no me sorprendió, pero igual me impactó, fue el anuncio del canciller Euclides Acevedo de que las negociaciones con el Brasil para la revisión del Anexo C de Itaipú ya no las realizaría el actual Gobierno.

No me sorprendió porque la noticia era la confirmación de una “muerte anunciada”, era la confirmación de un temor que teníamos desde un comienzo, de que un Gobierno extremadamente débil no tendría la fuerza para negociar un tema que hoy nos divide y nos enfrenta.

Pero me impactó porque este fracaso no es solamente del Gobierno sino es un fracaso de toda la sociedad paraguaya, que en democracia no ha tenido la capacidad de debatir con racionalidad este tema complejo y de llegar a acuerdos mínimos que sirvan de base para las negociaciones.

Yo entiendo que en países, como por ejemplo la extinta Yugoslavia, haya habido lucha y división ya que en un mismo territorio convivían los serbios de religión ortodoxa, los croatas de religión católica y los bosnios de religión musulmana, cada uno a su vez con idiomas y hasta grafías diferentes.

Pero no puedo entender que en nuestro Paraguay donde no existen diferencias raciales, religiosas, ni ideológicas, hayamos vivido a lo largo de nuestra historia sumidos en permanentes enfrentamientos y descalificación.

Algunos creen que la causa se encuentra en nuestro pasado guerrero, ya que somos el único país de la región que tuvo que enfrentar dos guerras internacionales y una guerra civil, además de innumerables revoluciones.

Al finalizar la Guerra de la Triple Alianza la rivalidad fue entre lopistas y antilopistas; los primeros se autoproclamaron patriotas y a los segundos los descalificaron como legionarios y antipatriotas.

Después vino el largo enfrentamiento entre colorados y liberales que nos llevó a una guerra civil primero y al fortalecimiento del poder militar después, lo que hizo posible y sostenible la larga dictadura de Alfredo Stroessner.

Parecía que con el advenimiento de la democracia en 1989 la reconciliación y la unión entre los paraguayos iba a ser posible, pero lamentablemente la rivalidad entre las diferentes facciones políticas dentro del Partido Colorado hizo que tengamos una transición hacia la democracia que, aunque pacífica, fue inestable y conflictiva.

Hasta que ahora, diversas circunstancias de la historia nos exigen la unidad en democracia; para enfrentar la pandemia, para avanzar hacia un desarrollo con equidad y para negociar el Anexo C de Itaipú.

Esta negociación bien conducida puede aportarle al Paraguay importantes recursos, para que con un Estado “reformado” pueda invertirse más y mejor en salud, educación e infraestructura para nuestra gente.

Pero para que podamos enfrentar la negociación con fortaleza, es fundamental que analicemos con serenidad y racionalidad las diferentes opciones y que construyamos unos consensos mínimos que sirvan de base a nuestros negociadores.

Lastimosamente el debate ha ido hacia el camino contrario, el camino de la descalificación, del enfrentamiento y en algunos casos de la irracionalidad.

¿Cómo podemos construir la unidad cuando algunos sectores se autocalifican de patriotas y al que tiene opiniones diferentes se lo acusa de vendepatria?

¿Cómo podremos, desunidos, enfrentar con fuerza la negociación ante un Brasil que en territorio es 20 veces y en población es 30 veces el Paraguay?

Si queremos tener una negociación exitosa, ha llegado el momento de dejar de lado nuestras diferencias y nuestros intereses políticos –partidarios o personales– e intentar construir todos juntos una posición negociadora sólida y realista.

Caso contrario, el anuncio del canciller de que este Gobierno ya no negociará el Anexo C de Itaipú será una realidad… lo cual será un fracaso de toda la sociedad paraguaya.

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