Itaipú sin deuda

La Itaipú Binacional cumplió un hito histórico: el 28 de febrero pagó la última cuota de los préstamos que obtuvo para financiar la construcción de la represa.

El proyecto fue financiado casi en su totalidad con deuda. El capital es apenas de USD 100 millones y el costo total fue de alrededor de USD 20.000 millones. Para asegurar la viabilidad económica, el Brasil se obligó a contratar la potencia no utilizada por nuestro país y otorgó la garantía soberana sobre toda la deuda. Como contrapartida, tuvo la exclusividad para el uso del excedente de energía paraguaya y se acordó un modelo financiero de centro de costos para fijar la tarifa que, además de los costos operacionales, incorpora el servicio de la deuda para asegurar su repago en tiempo y forma. Estas bases financieras fueron plasmadas en el Anexo C del Tratado de Itaipú, cuyo plazo de vigencia se fijó en 50 años para dar tiempo suficiente al repago de la deuda, que se cumple en agosto próximo. Podemos decir que el proyecto y el modelo financiero diseñado fueron exitosos.

Ahora empieza otra etapa y tenemos que diseñar un nuevo modelo que considere lo más conveniente para ambos países, dadas las prioridades y desafíos que tenemos para acelerar nuestro proceso de desarrollo y mejorar el bienestar de la población. En este sentido, los principales desafíos que enfrenta nuestro país están en incrementar el capital humano y mejorar la calidad de la infraestructura y de los servicios públicos. Necesitamos más recursos para solventar las inversiones requeridas para mejorar la educación y la salud públicas; ampliar la infraestructura de carreteras y ferrocarriles; desarrollar nuevas fuentes de energía limpia con sus redes de distribución; ampliar el acceso a la vivienda y los servicios de agua potable y alcantarillado; implementar un sistema de transporte público urbano eficiente; etc. Más inversiones en estos sectores mejorarán la competitividad de la economía, incrementarán las inversiones privadas, mejorarán la productividad, los ingresos y la calidad de vida de los trabajadores y sus familias. El acceso a los servicios de electricidad ya es universal en nuestro país y las tarifas son las más bajas de la región. Como máximo, es necesario ampliar la tarifa social para reducir la carga a los segmentos más vulnerables de la población. Tengamos esto en perspectiva.

Por lo tanto, para nuestro país es vital obtener la mayor renta energética posible y es el objetivo principal en la revisión del Anexo C. Para ello, todas las opciones de diseño económico y financiero están disponibles. Mantener el actual modelo de fijación de tarifa con base en costos requiere algún mecanismo razonable para determinar cada cierto tiempo la renta energética que será asignada a los propietarios e incluirlo como un componente de la tarifa, manteniendo su competitividad en los mercados. Tiene la ventaja de no requerir cambios sustanciales en el Tratado, en sus anexos ni en la forma de operar de la Entidad. Un cambio de modelo económico-financiero implicaría convertir la Itaipú en una empresa que busque maximizar sus ganancias, que venda energía a precios de mercado en ambos países y transfiera las utilidades generadas a sus propietarios. Este modelo tiene la ventaja de imponer mecanismos de mercado al funcionamiento de la empresa, y los precios y la renta energética resultante, como su distribución entre consumidores y propietarios, reflejarán las condiciones del mercado en cada momento de manera transparente. Sin embargo, esto requiere importantes ajustes al Tratado y a sus anexos. Por otro lado, en ambos casos se requiere un rediseño del gobierno corporativo, con mecanismos efectivos de control y transparencia, despolitizar la administración y redimensionar la estructura para operar con eficiencia similar a empresas comparables.

El diseño inicial de la Itaipú Binacional cumplió su objetivo: en promedio genera 90.000 gigawatt/hora/año de energía, hoy con deuda cero y activos por USD 20.000 millones. El rediseño debe apuntar a maximizar su impacto en el desarrollo y en el bienestar de la gente, tomando en consideración las prioridades actuales y futuras de ambos países. Con un diálogo franco y abierto entre ambos gobiernos es posible construir una visión compartida, para así crear un nuevo modelo para la Itaipú que sea equitativa y duradera.

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