La manta corta de nuestro país

El año 2025 se ha ido con muchos resultados económicos muy positivos, pero con preocupaciones y dilemas, cuyo tratamiento no podemos seguir postergando.
Cerramos el año pasado con un crecimiento del PIB del 6% muy por encima del potencial de crecimiento de nuestra economía; con una inflación interanual del 3,6% totalmente alineada con las metas del BCP; con un déficit fiscal del 1,9% cumpliendo el objetivo del MEF, y con la obtención del segundo grado de inversión otorgado por Standard & Poor’s. Pero, a pesar de los buenos números exhibidos, existe un gran malestar en amplios sectores empresariales y sociales. Las empresas proveedoras del Estado reclaman importantes deudas que están vencidas y alertan sobre el riesgo de una grave crisis generalizada.
Las empresas farmacéuticas afirman tener deudas vencidas superiores a los USD 600 millones y existe riesgo de desabastecimiento de medicamentos en los hospitales; las empresas constructoras reclaman deudas impagas cercanas a los USD 300 millones y existe el riesgo de paralización de las obras y de la quiebra de numerosas empresas.
Claramente el problema que hoy tiene el Paraguay no es un problema coyuntural, sino un problema estructural. Nuestra gran ventaja competitiva y que atrae a muchas empresas para instalarse en nuestro país es la baja carga tributaria del 10/10/10.
Pero evidentemente los actuales ingresos del Estado no alcanzan para financiar las necesidades de desarrollo económico y social. Nos encontramos con lo que los economistas llaman el problema de la manta corta: si queremos taparnos el pie, dejamos al descubierto la cabeza y viceversa. Es imposible cubrir todas las necesidades al mismo tiempo.
Necesitamos invertir mucho más en infraestructura –caminos, energía, puentes– si queremos seguir aumentando nuestra producción. Hoy solamente invertimos el 1,4% de nuestro PIB en infraestructura cuando lo mínimo debería ser cercano al 3%.
Necesitamos invertir más y mejorar radicalmente la calidad de nuestra educación pública, que es la única manera sostenible para que la gente pueda ser más productiva, tener un mejor empleo y salir de la pobreza. Hoy solamente invertimos el 3,4% del PIB cuando lo mínimo debería ser cercano al 6%.
Necesitamos invertir muchísimo más y mejorar la gestión en salud, porque solamente un pueblo sano puede ser educado y mejorar su calidad de vida. Hoy invertimos el 4,5% del PIB cuando lo mínimo debería estar en torno al 6%.
Claramente el Paraguay tiene un problema de manta corta. Los sectores sociales dicen que la solución es aumentar los impuestos, pero los sectores empresariales dicen que con eso vamos a espantar la inversión local y extranjera, que es la base para el crecimiento económico.
Ambos sectores –empresarial y social– reclaman al sector político reducir los gastos eliminando el clientelismo y la corrupción, algo necesario e imprescindible, pero que hasta ahora no fue factible políticamente.
Definitivamente hemos llegado a una etapa de un crecimiento económico que estuvo basado en atraer inversiones gracias a los bajos impuestos, pero con graves deficiencias en los servicios públicos como la infraestructura, la salud, la educación y la seguridad, que son imprescindibles para un desarrollo sostenible.
Para solucionar este dilema, primero necesitamos reconocer el problema –el Gobierno lo niega– y debatir serena y maduramente, sin disputas ideológicas, cómo avanzamos en el camino del desarrollo.
Será un camino largo y difícil, pero claramente el sector político debe dar el primer paso combatiendo frontalmente el clientelismo y la corrupción que ha hecho metástasis en el Estado.
Pero para avanzar se tendrán que pagar costos y aceptar sacrificios, sabiendo que tendremos que elegir entre varias necesidades todas válidas, pero imposibles de satisfacerlas al mismo tiempo.
Tenemos una manta corta y tenemos que elegir.
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