No improvisar

Cambio de timón en el MEF en una coyuntura internacional y local altamente desafiante, sin margen para improvisaciones ni aventuras en términos de política fiscal.

En el frente internacional, la guerra en Medio Oriente que se esperaba fuera relámpago, lleva 5 semanas y su duración es incierta. El cierre del Estrecho de Ormuz provoca una sustancial reducción en el flujo de oferta de petróleo y sus derivados al mercado. El precio del petróleo se ubicó en alrededor de USD 110, casi el doble de lo observado en el 2025. Los expertos consideran que, incluso si la guerra termine en las próximas semanas, la recomposición del flujo de producción al mercado requeriría algunos meses. Por lo tanto, estos precios permanecerán como mínimo durante todo este año. Si la guerra se prolonga varios meses, los precios subirían aún más; lo suficiente para reducir la demanda al flujo de producción consistente con el estrecho cerrado (en principio sería necesaria una reducción de alrededor del 10% en el consumo mundial de derivados del petróleo).

La relevancia de este shock externo para nuestro país ya lo conocemos. En el 2022 sufrimos uno similar. Nuestro país no extrae petróleo. Compramos del exterior el 100% del consumo. La prioridad es asegurar el suministro en un periodo de escasez mundial, para lo cual debemos dejar que el sistema de precios haga su trabajo de trasladar los costos a los consumidores y productores, que cada uno optimice su utilización, mientras dure la escasez global del producto. Debemos evitar los subsidios que distorsionan los precios y las decisiones de los consumidores y productores generando grandes costos para el fisco y los contribuyentes. Además, es un shock externo de duración incierta que incrementará fuertemente el ya elevado déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos externos del país. Es importante mantener la flexibilidad cambiaria para asegurar que los procesos de ajuste macroeconómico funcionen adecuadamente, minimizando los impactos negativos en la actividad y en los niveles de empleo en nuestro país. Estos ajustes provocarán una aceleración inflacionaria en los próximos meses, pero el punto de partida es de una inflación inferior al 3% anual, habiendo margen para ajustar la tasa de interés de política monetaria para evitar que exceda el rango de tolerancia fijada por el BCP.

En el frente local, la economía está en el proceso de necesario reequilibrio luego de un fuerte crecimiento, muy por encima al potencial, observado el año pasado. Pero las finanzas públicas están muy desordenadas. Según datos del MEF, en el primer bimestre del año los ingresos fiscales cayeron un 5% respecto al año pasado y los gastos operativos crecieron un 11% (incluido un aumento del gasto salarial del 9%). Y a pesar de que las inversiones públicas se redujeron un 50%, el saldo deficitario de las cuentas públicas aumentó 50%, acumulándose atrasos con proveedores por más USD 1.200 millones.

El cuadro de situación es muy claro. No es posible sostener un discurso triunfalista ni encarar políticas fiscales expansivas en un escenario como el descripto precedentemente, pero tampoco estamos en una situación catastrófica. El país tiene reservas internacionales suficientes, un sistema financiero sólido con adecuada liquidez y un margen importante de endeudamiento local e internacional para enfrentar la situación y evitar un ajuste macroeconómico caótico, que podría llevar a una recesión con inflación alta.

No obstante, es necesario que las autoridades y el nuevo ministro del MEF tengan claridad. Primero, hay que evitar aventuras político-electorales que impacten las finanzas públicas. Segundo, deben tomar medidas a corto plazo para a) reequilibrar el flujo de caja entre ingresos y gastos corrientes del Tesoro y no seguir acumulando atrasos con proveedores; b) establecer los mecanismos necesarios para pagar las facturas vencidas y reconocer los intereses por atrasos con proveedores; y c) presentar un plan fiscal de mediano plazo con las revisiones necesarias a la Ley de Responsabilidad Fiscal para que siga cumpliendo un rol de ancla del ritmo de endeudamiento público, dada la imposibilidad de cumplimiento del plan de convergencia fiscal para este año. Nuestras proyecciones indican que el déficit fiscal superará nuevamente el 2% del PIB este año, volviéndose incluso estructural.

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